COMENTARIO DEL EVANGELIO
Aquí encontrarás ideas de cada norma y costumbre que suelen darse en los círculos.
La intención es iluminarte la cabeza. No es un guión preparado ni exhaustivo. Coge uno o dos puntos y prepara tú lo que vas a decir.
Lectura del Evangelio
Meterse en el Evangelio como un personaje más: el camino para conocer a Jesús
La lectura diaria y meditada de la Sagrada Escritura no es un simple ejercicio intelectual, sino un encuentro vivo con Jesucristo. San Josemaría nos invita a penetrar en el sentido divino del paso terrenal del Señor, abriendo el Evangelio cada día con la mente y el corazón dispuestos a vivir cada escena en primera persona, de manera que su vida se refleje y se reproduzca plenamente en nuestra existencia cotidiana.
- Cinco minutos diarios de lectura viva: Dedicar un breve espacio de tiempo cada día a leer el Santo Evangelio es el punto de partida indispensable para conocer a Cristo. Es un hábito constante que nos permite acercarnos a su figura e ir transformando nuestro pensamiento y nuestro corazón según sus enseñanzas.
- Como un personaje más de la película: Para rezar de verdad, hemos de mirar los relatos del Nuevo Testamento como una historia viva donde nosotros mismos estamos al lado de Él. Introducirse en la escena como un testigo directo —ya sea ante el pesebre o a la orilla del mar— nos ayuda a conectar con Jesús de forma íntima y cercana.
- Aprender de su infancia y ocultamiento: Conocer la vida del Señor implica entender las lecciones que nos da ya desde que sus ojos se abrieron a la tierra. Los treinta años de vida oculta en Nazaret, lejos de ser un vacío, son un resplandor que ilumina nuestros días y nos enseña el valor del silencio y la humildad.
- El sentido divino de la vida ordinaria: Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que los quehaceres corrientes y cotidianos tienen una dimensión divina. Como cristianos corrientes que somos, su etapa como fabri filius (el hijo del carpintero) dignifica el trabajo cotidiano de millones de personas en el mundo.
- Una vida común que redime al mundo: Antes de los tres años de clamor de las multitudes en su vida pública, el vecindario le conocía sencillamente como el carpintero, hijo de María. En esa absoluta normalidad, siendo igual a su pueblo, Él ya era Dios y estaba realizando la redención y atrayendo hacia sí todas las cosas.
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