COMENTARIO DEL EVANGELIO
Aquí encontrarás ideas de cada norma y costumbre que suelen darse en los círculos.
La intención es iluminarte la cabeza. No es un guión preparado ni exhaustivo. Coge uno o dos puntos y prepara tú lo que vas a decir.
La fuerza de la Comunión de los Santos: la alegría de no luchar nunca solo
La Comunión de los Santos no es una simple idea teórica, sino una realidad viva que transforma radicalmente nuestra vida diaria, nuestro trabajo y nuestra lucha interior. San Josemaría nos invita a tomar conciencia de este lazo misterioso y profundo que une a todos los cristianos, convirtiendo nuestro esfuerzo personal en un bien para toda la Iglesia y transformando el sacrificio en una fuente de alegría compartida.
- La certeza de no estar nunca solo: Como nos recuerda Camino (punto 545), vivir una particular Comunión de los Santos nos da alegría y fuerza tanto en los momentos de lucha interior como en el trabajo profesional, al saber que estamos sostenidos por nuestros hermanos.
- La penitencia como alegría compartida: En Camino (punto 548) se nos explica que vivir de verdad esta unión nos mueve a ser penitentes con gusto. La penitencia se entiende así como una alegría, a veces trabajosa, que nos alía y nos hermana con todas las almas penitentes del pasado, del presente y del futuro.
- La responsabilidad de nuestra fidelidad: Camino (punto 549) nos enseña que cumplir con nuestro deber es más fácil cuando pensamos en la ayuda espiritual que recibimos de los demás, y en el perjuicio que les causamos si nosotros no somos fieles.
- La libertad y la interconexión de las virtudes: En Amigos de Dios (punto 76) se destaca que, aunque las virtudes son decisiones personales y libres, en esta batalla de Amor nadie es un verso aislado; nuestras acciones tienen una repercusión directa en los demás para ayudarlos o perjudicarlos.
- Eslabones de una misma cadena hacia el Cielo: La reflexión de Amigos de Dios (punto 76) nos mueve a rezar juntos para que esta cadena de solidaridad sobrenatural nos mantenga bien anclados en el Cor de Dios, hasta el día que podamos contemplarle cara a cara para siempre.
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