El trigo y la cizaña
Evangelio según san Mateo 13, 24-30
Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Cinco ideas para nuestra oración personal
- La paciencia de Dios: Dios no tiene prisa por juzgar. Él permite que el tiempo pase para dar oportunidad a que lo bueno crezca y madure.
- El bien y el mal conviven: En el mundo y en nuestro propio corazón hay luces y sombras. Debemos aprender a vivir en esa realidad sin desanimarnos.
- No juzgar antes de tiempo: Los criados querían arrancar la cizaña rápido, pero el amo pide prudencia. A veces juzgamos a los demás sin ver el "trigo" que hay en ellos.
- La vigilancia espiritual: El enemigo sembró "mientras los hombres dormían". Es importante mantenernos despiertos en la oración para proteger lo bueno que Dios siembra.
- El destino final: Al final, Dios pondrá cada cosa en su lugar. Nuestra confianza debe estar en que el trigo (lo bueno) está destinado a Su granero.
Actividad: Cultivando el trigo
Enunciado: A veces nos enfocamos demasiado en nuestros defectos (la cizaña) y olvidamos cuidar nuestras virtudes (el trigo). Escribe una reflexión sobre qué cosa buena sientes que Dios ha sembrado en ti y cómo puedes ayudar a que crezca con fuerza, sin dejar que los aspectos negativos te desanimen o te impidan dar fruto.