El Sembrador
Evangelio según san Mateo 13, 1-9
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».
Cinco ideas para nuestra oración personal
- La generosidad del Sembrador: Dios siembra Su palabra en todos lados, sin excluir ningún terreno. Él siempre nos da la oportunidad de recibir Su mensaje.
- El peligro del camino: A veces escuchamos la palabra pero no la interiorizamos, y las distracciones o el enemigo (los pájaros) se la llevan pronto.
- La falta de raíces: En los momentos de entusiasmo todo brota, pero ante las dificultades (el sol), si no tenemos una oración profunda, nos secamos.
- Los abrojos de la vida: Las preocupaciones, el dinero o el estrés pueden ahogar lo bueno que Dios pone en nosotros. ¿Qué "espinas" debo limpiar hoy?
- La alegría de la tierra buena: Ser tierra buena es acoger la palabra con paciencia. Los frutos de Dios en nuestra vida siempre superan nuestro esfuerzo inicial.
Actividad: Preparando el terreno
Enunciado: Identifica qué parte de tu corazón se parece hoy a los terrenos que describe Jesús (camino duro, piedras, espinas o tierra buena). Escribe qué compromiso concreto puedes hacer esta semana para que la semilla de la Palabra de Dios no se pierda y pueda dar fruto en ti.