La Séptima Bienaventuranza es: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9). Esta bienaventuranza no se refiere a una paz pasiva, sino a la tarea activa de los artesanos de la paz, aquellos que construyen puentes, restauran relaciones rotas y siembran armonía donde hay conflicto.
Esta conexión sirve para concluir que la paz es un trabajo artesanal y cotidiano. Al conectar la bienaventuranza con las obras de misericordia, entendemos que la paz se construye cada vez que decidimos no responder a un insulto o cuando intervengamos en una disputa. Sirve para recordar que la identidad de hijos de Dios se demuestra en la capacidad de reconciliar lo separado.
Conexión con las Obras de Misericordia
Esta bienaventuranza se traduce en acciones que desarman el conflicto y restauran la unidad en la convivencia diaria.
Perdonar las injurias: Es la obra de paz por excelencia; no hay paz verdadera sin perdón.
Dar buen consejo: Orientar a quien está cegado por la ira para buscar soluciones que respeten la dignidad de todos.
Sufrir con paciencia: Tolerar con amor las asperezas de los demás para evitar que las fricciones se conviertan en divisiones.
Restaurar la armonía: Actuar como mediadores para reconstruir puentes en la familia y la comunidad.