La Sexta Bienaventuranza es: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5, 8). Tener un corazón limpio significa tener una mirada unificada y sincera, sin dobleces ni hipocresía. Es el corazón que busca a Dios por encima de todo y que, por tanto, es capaz de reconocer Su imagen en los demás.
Esta bienaventuranza purifica la intención con la que realizamos las obras de misericordia. Sirve para eliminar la hipocresía en la caridad: sin limpieza de corazón, ayudar se puede convertir en una forma de comprar una imagen pública o tranquilizar la conciencia de manera superficial.
Conexión con las Obras de Misericordia
La limpieza de corazón permite que el acto de ayudar sea un encuentro auténtico de persona a persona, viendo la verdad de Dios a la otra.
Dar buen consejo: buscar el bien real del otro sin intereses personales ni manipulaciones.
Corregir a quien se equivoca: Hacerlo desde la caridad y no desde el juicio o la superioridad moral.
Vestir el desnudo: Cuidar la dignidad del otro evitando la mirada que cosifica o humilla.
Transparencia: Realizar las obras con sencillez, buscando sólo la gloria de Dios.