La Cuarta Bienaventuranza es: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mt 5, 6). Esta justicia es el anhelo profundo de que la voluntad de Dios se cumpla en la tierra y que cada ser humano reciba lo que corresponde a su dignidad de hijo de Dios. Es el motor que impulsa al cristiano a no conformarse con un mundo herido.
Esta conexión sirve para evitar la indiferencia. El hambre y la sed son necesidades que no pueden esperar; al conectarlas con las obras de misericordia, se enseña que la fe debe traducirse en un compromiso activo para transformar la realidad, buscando saciar las carencias del prójimo con urgencia.
Conexión con las Obras de Misericordia
Esta bienaventuranza es la fuerza que dinamiza tanto las obras corporales como las espirituales, buscando la integridad total del hombre.
Dar comida al hambriento y beber el sediento: Actas de justicia distributiva para devolver al pobre su derecho a la vida.
Enseñar a quien no sabe: Combatir la ignorancia por permitir que la persona sea libre y propietaria de su destino.
Visitar a los presos: Buscar la redención y reconocer que la dignidad humana permanece intacta ante Dios.
Agente de cambio: Traducir la fe en un compromiso activo para transformar las necesidades del prójimo.