La conexión entre las Bienaventuranzas y las Obras de Misericordia es profunda: si las Bienaventuranzas son el "autorretrato" de Jesús y el programa de vida del cristiano, las Obras de Misericordia son su aplicación práctica San Agustín decía que las Bienaventuranzas son las disposiciones del corazón, mientras que las obras son los actos que brotan de este corazón
La relación se articula principalmente a través de la quinta bienaventuranza: "Bienaventurados es misericordiosos, porque ellos conseguirán misericordia" Esta promesa actúa como el puente definitivo Mientras que las Bienaventuranzas nos invitan a una actitud de pobreza espiritual, mansedumbre y hambre de justicia
Obras de Misericordia Corporales
Responden a las carencias físicas y materiales más básicas del ser humano, reconociendo la dignidad del cuerpo como templo del Espíritu Santo
Visitar a los enfermos
Dar de comer al hambriento
Dar de beber al sediento
Dar posada al peregrino
Vestir al desnudo
Visitar a los presos
Enterrar a los difuntos
Obres de Misericordia Espirituales
Se dirigen a las carencias del alma, el intelecto y el corazón. Sirven para sanar las heridas invisibles como la ignorancia, la duda o la soledad
Ensenyar a qui no sap
Donar buen consejo al que lo necesita
Corregir al que se equivoca
Perdonar las injúrias
Consolar al triste
sufrir con paciencia los defectos del projimo
Rezar a Dios por los vivos y los difuntos