Los sacramentos de curación son las acciones mediante las cuales Jesucristo continúa su obra de sanación. Aunque por la iniciación recibimos vida nueva, esta se encuentra en "vasos de barro", sometida a la fragilidad del pecado.
La Penitencia (también llamada Confesión o Reconciliación) es de una importancia vital, ya que es el único camino ordinario para obtener el perdón de los pecados graves cometidos después del Bautismo. Es el sacramento de la alegría, pues permite al pecador experimentar la misericordia infinita de Dios. Sin él, el alma en pecado mortal permanece separada de la gracia santificante.
Los Cinco Pasos para una buena Confesión
Preparación
- Examen de conciencia: Recordar con sinceridad los pecados cometidos.
- Dolor de corazón (Contrición): Sentir pesar por haber offendido a Dios.
- Propósito de enmienda: Deseo firme de no volver a pecar.
Acción y Reparación
- Confesión de boca: Declarar los pecados ante el sacerdote de forma clara.
- Satisfacción o penitencia: Cumplir el acto de reparación que el confesor impone.
Frutos del Sacramento
- Reconciliación con Dios: Recuperación de la gracia y de la amistad con el Padre.
- Reconciliación con la Iglesia: Sana la herida que el pecado causa en el Cuerpo Místico de Cristo.
- Paz y serenidad: Otorga un profundo alivio espiritual y tranquilidad de conciencia.
- Fortaleza espiritual: Aumenta las fuerzas para el combate cristiano y ayuda a resistir futuras tentaciones.